Las sociedades anónimas no son malas, tampoco las cooperativas
30/12/2021 | Como profesor universitario especializado en derecho societario, no podría señalar que las sociedades anónimas son malas por el simple hecho de que muchas de ellas son utilizadas para lavar activos, financiar actividades ilegales, realizar actos de corrupción, no pagar a los proveedores, no pagar a sus trabajadores y defraudar a la administración tributaria.
Las sociedades anónimas no son malas, tampoco las cooperativas
Fuente de la Imagen: FENACREP

Y no podría decir que son malas, por que hacerlo equivaldría a calificar a la sociedad anónima como un modelo societario malo que deba ser prohibido.

La sociedad anónima es la forma societaria más utilizada en el Perú y en el mundo. En el Perú, de las aproximadamente 80,000 personas jurídicas que se constituyen cada año, cerca del 55% son sociedades anónimas, un 30% son EIRL, un 10% son SRL y un 5% otras formas societarias.  La sociedad anónima es un modelo que se caracteriza por reconocer mayor participación en las decisiones (votos), mayor participación en los resultados (utilidades) a quien invierte más (y por lo tanto arriesga más).

La sociedad anónima es un magnífico modelo empresarial sumamente versátil que puede ser usado por micro, pequeños, medianos o grandes emprendimientos que quieran operar bajo las reglas antes señaladas. Acaso si un Banco, Financiera, Caja, Compañía de Seguros (que sólo pueden operar bajo el modelo de sociedad anónima por expreso mandato de la Ley del Sistema Financiero), o una constructora, inmobiliaria, línea aérea, minera, restaurant, clínica, empresa de transportes, de comunicaciones, etc. quiebran dejando de pagar a sus trabajadores, acreedores y al Estado, ¿podría calificarse al modelo de Sociedad Anónima como nefasto? De ninguna manera, cuando alguna de estas empresas ha quebrado (como ha ocurrido miles de veces), nadie ha puesto en duda las bondades de la sociedad anónima, nadie ha pedido más controles, más supervisión, más normas para las sociedades anónimas, si no que se ha individualizado a la sociedad afectada determinando la razón de su falencia económica.

Pero cuando una cooperativa ingresa a una situación financiera complicada o incluso quiebra, se levantan las voces que pretenden calificar a este modelo como malo, obsoleto, fracasado. No se individualiza, como se hace con las sociedades anónimas, si no que se generaliza. El modelo cooperativo, como la sociedad anónima, tampoco es malo. Es un muy buen modelo y constituye una gran alternativa para los micro y pequeños empresarios. No en vano las cooperativas existen y se desarrollan en todos los países del mundo.

Existen más de 3 millones de cooperativas en el mundo; 12% de la población mundial es cooperativista, las cooperativas proporcionan empleo al 10% de la población empleada y la Alianza Cooperativa Internacional, entidad consultiva de las Naciones Unidas, representa a más de 1,000 millones de socios cooperativistas a nivel mundial. En nuestro país, según cifras del último censo llevado a cabo por PRODUCE en el año 2017, existían 1,245 cooperativas activas que integraban a 2.4 millones de socios, lo que implica que, por lo menos un tercio de la población tiene contacto directo o indirecto con las cooperativas de todo tipo (agrarias, de ahorro y crédito, de transportes, vivienda, servicios educacionales, etc.).

En un país como el nuestro, en el que el 97% de unidades empresariales califica como micro o pequeña empresa, el modelo cooperativo está más vigente que nunca pues precisamente permite potenciarlos con el fin de emular economías mayores. Es un modelo con principios propios como el de la libre adhesión y retiro voluntario, que permite que cualquier persona pueda asociarse a una cooperativa y retirarse en el momento que lo considere más oportuno. Por ello, las cooperativas, a diferencia de las sociedades, se caracterizan por tener gran cantidad de socios. En efecto, es común encontrar cientos de miles de sociedades anónimas de 2 socios (y en el fondo de un solo socio, pues el otro socio representa el 0.0001%), mientras que las cooperativas integran cientos o miles de personas. Las cooperativas más grandes en el Perú sobrepasan los 100,000 socios.

Por otro lado, son sociedades democráticamente controladas por sus socios, lo que se traduce en que todos los socios tienen los mismos derechos y obligaciones, todos tienen un voto independientemente del capital que representan, todos pueden elegir y ser elegidos como directivos de la cooperativa y todos los años existen renovaciones parciales (por tercios) en sus órganos de gobierno.

Son sociedades que al operar con sus socios no persiguen un fin lucrativo, buscan brindar uno o más servicios “al costo” o que los socios obtengan el real valor de los productos o servicios que ofrecen en el mercado. Son sociedades que cuentan con una Reserva Cooperativa que al igual que la Reserva Legal de las sociedades anónimas, está destinada a cubrir pérdidas o contingencias, pero con la diferencia que la misma no tiene tope alguno y que es irrepartible entre los socios aun en caso de transformación, fusión o liquidación de la cooperativa. La cooperativa es -como la define la ACI- una asociación voluntaria de personas que se han unido para satisfacer de manera colectiva sus necesidades económicas, sociales o culturales a través de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada.

En resumen, las sociedades anónimas no son malas, tampoco las cooperativas. Malas son las personas que las dirigen o las intenciones con las que son creadas y manejadas. Por ello, como decía el Dr. Carlos Torres y Torres Lara “Las empresas no quiebran, quiebran los empresarios”. Y ¿Cuál forma es mejor? Ninguna es mejor que la otra, pues ambas responden a distintos principios y necesidades. Si la intención es invertir y controlar la sociedad y los destinos del negocio en función al capital invertido buscando la mayor rentabilidad posible, la sociedad anónima se presenta como la mejor alternativa. Si la intención en asociarse para efectuar compras y ventas conjuntas logrando los mejores precios en el mercado o si la intención es asociarse para acceder a un servicio (de ahorro y crédito, educativo, de consumo, etc.) asumiendo el costo del mismo sin una finalidad de lucro a través de una organización controlada por las “personas” y no por los “capitales”, la cooperativa será sin duda, la mejor opción.

Por: Carlos Torres Morales, Socio del Estudio Torres y Torres Lara & Asociados Abogados. Especialista en derecho cooperativo, societario, y asociativo.

Fuente: FENACREP
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